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Cococ, cocopatic y cocopalatic.
Desde la época prehispánica, estos términos
en náhuatl se utilizaban para categorizar la gran variedad
de chiles según su
grado de pungencia: picantes, muy picantes y picantísimos.
Hoy día, la diversidad de formas, tamaños y los
diferentes sabores picantes de estos peculiares frutos, nos dan
la posibilidad de saborear deliciosos platillos como los chiles
en nogada, los exquisitos moles y no se diga las salsas. En muchos
guisos sencillos o complejos los chiles
son ingredientes que no pueden faltar.
Junto con la calabaza, el maíz y
el frijol, el chile (Capsicum annuum) fue la base de la
alimentación de las culturas de Mesoamérica, que
es su lugar de origen y donde se considera fue domesticado. La
historia del uso prehispánico del chile ha quedado registrada
en algunos textos: entre los escritos acerca de las comidas de
los mexicas, fray Bernardino de Sahagún reseñó
desde los manjares exclusivos del emperador hasta los más
modestos bocados de los plebeyos, y en ese abanico de platillos
el ingrediente común era el chile. Este producto también
figuró entre los tributos fijados por el tlatoani de México
antes y durante los primeros tiempos de la Conquista, según
se aprecia en el Códice Mendocino. Los tributarios, en
su mayoría vasallos, entregaban "cargas" de
chile en cestos, tenates, etc., a inspectores oficiales quienes
las recibían y depositaban en las bodegas imperiales e
incluso, en las épocas de sequía, el chile seco
seguía figurando en la lista de los productos almacenados.
De América, el chile fue llevado
a España y de ahí se dispersó a varios países
de Europa, de Asia y posteriormente de África, convirtiéndose
así en un cultivo de uso mundial. Actualmente en países
como China, la India, Nigeria, Hungría y Yugoslavia, el
chile, además de ser muy común en el sector alimentario,
es un producto que alcanza volúmenes de producción
muy superiores a los de los países productores de América,
de donde es originario.
Todos los chiles son del género
Capsicum de la familia de las Solanáceas. Los estudios
taxonómicos coinciden en que son cinco las especies cultivadas:
Capsicum baccatum, C. chinense, C. pubescens, C. frutescens
y C. annuum, de las cuales ésta última
es la más importante. C. annuum agrupa la mayor
diversidad de chiles, ya sean cultivados o silvestres. Entre
los más populares destacan el guajillo o mirasol, el piquín,
el de árbol, el serrano, el jalapeño, el poblano,
y el chilaca, de los cuales los tres últimos, una vez
secados, se denominan chipotle, ancho o mulato y pasilla, respectivamente.
El cultivo de C. annuum se adapta a los diversos climas
y tipos de suelo del país, en altitudes que van desde
el nivel del mar hasta los 2500 m. El chile habanero (C. chinense)
y el manzano (C. pubescens) son originarios de Sudamérica
pero en nuestro país son ampliamente conocidos, especialmente
en las regiones donde se cultiva: el habanero en Yucatán,
Quintana Roo, Campeche y Tabasco; el manzano, también
conocido como ciruelo o perón, sólo prospera en
lugares altos que superen los 2000 msnm como en la Sierra de
Puebla, en Veracruz, en Chiapas y en algunas zonas de Michoacán.
Fresco o seco, el chile se consume de muy
diversas maneras: el fresco generalmente como verdura o condimento,
el seco ancho, mulato, mirasol y pasilla principalmente
se destina a la industria artesanal del mole. Actualmente también
se usa para extraer un pigmento rojo que se emplea para colorar
embutidos, como chorizo y salami, y en la industria avícola
se mezcla con los alimentos balanceados para producir huevos
con yema de color más rojizo, e incluso en la elaboración
de cosméticos.
México es el país del mundo
con la mayor variedad genética de Capsicum, pero curiosamente
no es el productor más importante. En un estudio realizado
por la Universidad Autónoma de Chapingo y la Universidad
Autónoma de Zacatecas, las estadísticas de producción
de 1990 ubican a México en el sexto lugar de producción,
después de China, España, Turquía, Nigeria
y la India. La baja producción de México, indica
el mismo estudio, se debe principalmente a que casi todas las
regiones productoras de chile obtienen muy bajos rendimientos
comparados con los de Estados Unidos, que es el segundo país
productor en América después de México.
En 1990 los rendimientos de México fueron de 9 222 kg
por hectárea, mientras que los de Estados Unidos sumaron
casi 12 mil. Los escasos rendimientos de chile en México
se deben al bajo nivel de tecnología y al uso de cultivos
criollos, que generalmente son susceptibles a plagas y enfermedades.
Los costos de producción así como el precio del
producto son muy altos y hacen que éste no pueda competir
con el de Estados Unidos y el de otros países que tienen
menores precios. En China, por ejemplo, los precios del chile
son la mitad de los México. Esto ha propiciado que los
comercializadores mexicanos prefieran ahora importar chile.
Las variedades mejoradas tienen, desde
el punto de vista comercial, varias ventajas, ya que las plantas
fructifican a una edad más temprana que las plantas criollas,
dan rendimientos más altos por hectárea porque
las plantas son más densas y resisten a las enfermedades
causadas por hongos o virus. Los productos generalmente tienen
características más uniformes en cuanto a tamaño,
color, etc. lo cual resulta muy atractivo para el mercado, de
modo que los agricultores terminan cambiando sus cultivos de
variedades criollas por las variedades mejoradas.
El ingeniero agrónomo Octavio Pozo,
investigador del INIFAP, con más de 20 años de
estudios en este tema, considera que "la sustitución
de los cultivos de variedades criollas por las mejoradas implica
el riesgo de perder la riqueza de germoplasma mexicano de la
especie, es decir, que desaparezca la diversidad genética
de una o muchas variedades cuando ya no se cultivan. Es importante
considerar este hecho ya que muchas de las variedades criollas
y silvestres poseen genes de gran interés que pueden ser
incorporados a las nuevas variedades. No olvidemos que la gran
variedad de tipos cultivados se ha originado a partir de sus
parientes silvestres y criollos. Por lo tanto, es conveniente
llevar a cabo programas de conservación y domesticación
del germoplasma de chile, así como de colectas muy sistematizadas
del germoplasma de muchas variedades de Capsicum que aún
se encuentran en abundancia en nuestro país."
Por otra parte, el doctor Baltazar Montes
del Colegio de Postgraduados, quien con el apoyo de la CONABIO
lleva a cabo el proyecto Diversidad genética del cultivo
del chile (Capsicum spp.) determinada por izoenzimas y RFLPs
tipos: serrano, jalapeño, manzano y silvestres en su área
de distribución, afirma: "Generalmente los chiles
silvestres son los que poseen genes capaces de resistir enfermedades
causadas por virus y hongos, ya que han sobrevivido durante mucho
tiempo a diversas condiciones ambientales desfavorables. La riqueza
genética del chile en México se debe en gran parte
a la diversidad de climas y suelos, pero también a las
prácticas tradicionales de cultivo que llevan a cabo los
pequeños productores utilizando las semillas de los frutos
seleccionados de las plantas nativas. Por eso es importante que
los agricultores sigan cultivando ese germoplasma que ellos mismos
guardan y no introducir variedades extrañas."
A pesar de ser un producto tradicional
y culturalmente importante en nuestro país, el chile está
poco estudiado en México.
El investigador del INIFAP opina que "es
sorprendente el hecho de que en otros países del mundo,
tanto instituciones públicas como privadas, estén
instrumentando programas prioritarios de investigación
con esta especie. Es en otros países donde un gran número
de investigadores se dedican al estudio de los Capsicum, no sólo
para lograr variedades mejoradas sino para estudiar los aspectos
nutricionales, biomédicos, bioquímicos, e industriales,
así como su comercialización interna y hacia el
exterior. En México no se ha llevado a cabo una colección
exhaustiva y sistemática de los chiles silvestres, semidomesticados
y domesticados, cuya variabilidad es abundante y de gran valor
como germoplasma; tampoco se ha avanzado en el mejoramiento genético,
pues en nuestro país los programas no han tenido continuidad.
"La biotecnología continua
el investigador debe ser una herramienta que ayude a caracterizar
el germoplasma y a entender el aspecto fitogenético de
las especies y variedades de chile." Un conocimiento amplio
de la diversidad genética tanto de las variedades silvestres
como de las que se cultivan de manera tradicional y de las que
se generan a partir del mejoramiento genético, resulta
indispensable para el aprovechamiento adecuado de Capsicum.
Finalmente, debido a la gran difusión
que ha tenido la comida asiática y la mexicana, la comercialización
mundial del chile seco aumentó entre 1970 y 1990 de 61
400 a 156 361 toneladas. Este incremento, además del uso
del chile seco como materia prima para elaborar colorante, representa
buenas oportunidades para extender en México la
producción de este producto.
PRINCIPALES VARIEDADES DE Capsicum annuum
Piquín:
Es el más pequeño y el más picante. En su
época de producción, logra desplazar del mercado
a otros tipos de chile. Es el ancestro silvestre de C. annuum.
Jalapeño:
Tiene gran aceptación en el mercado nacional e internacional.
Cuando está maduro se somete a un proceso de secado y
ahumado con el que se obtiene el chile que conocemos como chipotle.
Serrano:
También se le nombra simplemente chile verde, ya que se
consume exclusivamente fresco en salsas y en encurtidos.
Mirasol:
Se le conoce como guajillo. Al igual que otras variedades que
se consumen secas, son deshidratado en hornos especiales que
utilizan diesel como combustible.
Pasilla:
Se produce en los estados de Jalisco, Guanajuato, Aguascalientes
y Zacatecas. Es de color café oscuro, de 15 a 30 cm de
largo. Cuando se consume fresco se conoce como chilaca.
Ancho:
Se domesticó en el Valle de Puebla, después se
desplazó al Bajío y a Zacatecas. Se utiliza en
la preparación de diferentes moles y de colorantes; fresco
se conoce como poblano.
Mulato:
Es similar al chile ancho, la única diferencia es que
al madurar adquiere un color café. Junto con el pasilla,
el ancho y el mirasol, se usa para elaborar colorantes naturales.
OTRAS ESPECIES CULTIVADAS EN MÉXICO
Habanero
(C. chinense): Se cultiva en Campeche, Quintana Roo y
Yucatán donde suele formar parte de ciertos platillos
regionales. Es originario de Sudamérica y se cree que
fue introducido a la península de Yucatán vía
Cuba. Es característico por sus colores amarillo, rojo
y naranja brillantes.
Manzano
(C. pubescens): Se le conoce también como perón
y ciruelo, es originario de los Andes de América del Sur
y en México se cultiva en pequeña escala. Se distingue
del resto de los chiles por tener semillas negras. Al igual que
el habanero, este chile no se puede secar o deshidratar, por
lo que se consume solamente fresco. Sus colores
son rojo o amarillo. Se produce sólo en tres localidades
ubicadas por encima de los 2000 msnm: la Sierra de Puebla, Veracruz,
Chiapas y en algunas regiones de Michoacán.
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