LAS ALGAS Y LA BIODIVERSIDAD  
   


Por Daniel Robledo
Las algas poseen una diversidad mayor que muchos grupos de plantas terrestres o de grupos de animales. Sin embargo, el papel que desempeñan en el mantenimiento y funcionamiento global de los ecosistemas se subestima y a veces hasta es sujeto de polémicas.

El concepto de biodiversidad aplicado a las algas comenzó a analizarse en la Reunión Internacional sobre Biodiversidad, celebrada en septiembre de 1994 durante la Asamblea General de la Unión Internacional de Ciencias Biológicas de la UNESCO. Hasta hace algunos años se pensaba que de todas las especies de animales y plantas descritas en el mundo únicamente 15% habitaban en el océano, pero algunos estudios recientes indican que los océanos albergan casi el doble de taxa que los que existen en el medio terrestre.

Se cree que la edad geológica de las algas verdeazules es poco más o menos 3 550 millones de años, a diferencia de los 400 millones de años que tienen las plantas terrestres. Además de que conviene recordar que fue el oxígeno generado por la fotosíntesis de las algas verdeazules, y posteriormente por las algas eucariotas, más desarrolladas, el que formó nuestra atmósfera. Actualmente, las algas realizan cerca de 50% de la fotosíntesis del planeta, lo que las ubica en una posición crucial para el mantenimiento de la vida en la Tierra.

Este grupo tan heterogéneo de organismos se divide a su vez en más de una docena de grupos, división basada principalmente en su composición pigmentaria, sus materiales de reserva y una gran variedad de detalles estructurales. Su diversidad se cifra no sólo en su forma de crecimiento o de alimentación y en su dependencia o no de la luz solar, sino hasta en sus diferencias estructurales, ya que existen tanto algas microscópicas unicelulares, como algas filamentosas o laminares, además de complejas estructuras multicelulares como las de las algas pardas, que pueden llegar a medir más de 20 metros de longitud.

La diversidad de las algas también está dada por su bioquímica y fisiología, además de por la organización de su material genético que se refleja tanto en las algas verde-azules, llamadas procariotas, que son más simples y están relacionadas con las bacterias, como en el resto de las especies de algas, llamadas eucariotas. Esta diversidad genética y fenotípica se manifiesta más claramente en su diversidad ecológica, que es la que determina su distribución en la biosfera, ya que existen especies dulceacuícolas, marinas y de ambientes intermedios, como lagunas costeras, o extremosos como los hielos polares, incluyendo las asociaciones con otros organismos, como en el caso de los líquenes.

Quizás sea una combinación de esta variabilidad genética lo que las hace metabólicamente diversas, pues producen gran cantidad de compuestos bioquímicos, pigmentos y compuestos bioactivos que resultan a veces útiles para el hombre, como los ácidos grasos poliinsaturados del tipo omega-3. También pueden contener compuestos bioactivos tóxicos, como el ácido okadaico que produce envenenamiento en el hombre.

A la pregunta de cuántas especies de algas existen, parece no haber todavía respuesta, ya que este grupo de organismos está virtualmente inexplorado. De acuerdo con un análisis reciente, las 36 000 especies de algas conocidas apenas representan 17% de las especies que existen actualmente, lo que indica que el número total de especies de algas que existen en el mundo debe superar las 200 000. El conocimiento taxonómico de estos organismos en los distintos biotopos del planeta dependerá del esfuerzo individual o colectivo que se realice en cada país, y a pesar de que la comunidad ficológica es pequeña si se compara con las de otras disciplinas, se están identificando nuevas especies de algas a razón de una por semana.

No obstante, existen problemas para clasificar algunas algas que podrían ser resueltos en el futuro en el caso de las algas microscópicas con ayuda de las nuevas técnicas moleculares, junto con el uso tradicional de la microscopia electrónica y en el caso de las algas macroscópicas mediante cultivos de laboratorio y los transplantes al mar de éstas para establecer los límites de su plasticidad fenotípica.

Son muchas las razones de que nos interesen las algas, ya que además de su papel fundamental en la producción del oxígeno atmosférico y su influencia en procesos globales como el cambio climático, todavía en debate, las algas son muy importantes en la fijación del bióxido de carbono del planeta mediante la fotosíntesis que se realiza en los océanos. En escala regional, su importancia ecológica se hace evidente cuando el exceso de nutrientes en cuerpos de agua costeros o continentales generan blooms de algas, es decir una reproducción simultánea y abundante de estos organismos. Por otra parte, conviene señalar que los tan apreciados arrecifes coralinos están compuestos por una gran cantidad de algas -hasta tres cuartas partes del tejido de un coral vivo son algas-, y que mucha de la productividad primaria generada por estos corales se debe a las algas, mientras que en las regiones costeras las macroalgas son un componente ecológico vital para el desarrollo de comunidades de invertebrados al servirles de refugio y alimento, y cuya repercusión se observa en las pesquerías de otros organismos marinos como peces y moluscos.

El hombre también utiliza directamente las algas, y sus formas de obtención son tan diferentes como diversas son las especies que utiliza y que van desde la cosecha de mantos de macroalgas y su empleo con un mínimo de procesamiento, hasta el cultivo intensivo de microalgas en sistemas sumamente complejos. El principal uso de las algas es su consumo directo por el hombre, con un valor estimado en $3 mil millones de dólares y que representa un volumen de 40 000 toneladas de algas por año.

En particular, la cosecha de Porphyra (Nori), alga con la que se prepara el sushi en Japón, está valorada en más de 1 000 millones de dólares lo que hace de su pesquería costera la más rentable del mundo. Por otro lado, los extractos de algunas especies de algas rojas y pardas que se utilizan en la industria como emulsificantes y estabilizantes (alginatos, agar y carragenanos) están valorados en 500 millones de dólares anuales. Cabe señalar que la biomasa algal para la extracción de estos compuestos se obtiene de la cosecha de mantos naturales como en el de Macrocystis, o de cultivos en el mar como los de Gracilaria. En nuestro país, los ingresos por concepto de exportación de algas marinas para la industria de extractos de algas fueron unos 28 millones de dólares en el año de 1995. Aunque el caso de las microalgas no se han alcanzado los niveles de explotación a que están sujetas las macroalgas, Dunaliella, Chlorella y Spirulina se emplean cada vez más como fuente de pigmentos naturales, vitaminas y ácidos grasos, además de otras especies que sirven para la alimentación de moluscos y larvas de peces, para lo cual también se cultivan en gran escala.

Se puede decir que el desarrollo de estos productos derivados de algas está en sus inicios y que a su vez depende del desarrollo de sistemas de producción mediante el cultivo para abastecer este creciente mercado, tan es así, que recientemente el Instituto de Investigaciones sobre Genética de Plantas que hace el inventario de las cosechas mundiales de plantas ha reconocido que no todas las especies de plantas cosechables crecen en tierra firme.

En México existen alrededor de 843 especies de macroalgas marinas y son las algas rojas o rodofitas las que tienen el mayor número de especies, sobre todo en el Océano Pacífico. Su gran abundancia en esta región del país depende, además de las características costeras y oceanográficas, de un mayor esfuerzo de investigación regional, mientras que la carencia de estudios en el Golfo de México ha llevado a subestimar la abundancia de las macroalgas que se establecen en esas costas. El investigador norteamericano Michael Wynne informa haber hallado 1 058 especies tan solo en el Caribe, lo que significa que este mar alberga más de 80% del total de la flora del Atlántico tropical y subtropical.

El estudio de los recursos algales según sus diferentes niveles de complejidad, desde los listados florísticos hasta los modelos que explican su abundancia y distribución, son muy escasos, y por ende necesarios, y deben considerarse como información estratégica para cualquier país que los posea. En México las investigaciones en este campo se encuentran en una fase de diversificación en la que se están generando trabajos ficológicos en otros campos además del taxonómico. No obstante, la catalogación de las especies de algas es indispensable, pues el conocimiento de su biología resulta fundamental tanto para la ciencia básica como para la ecología, y es indispensable cuando se trata de desarrollar el plan de manejo y explotación de tan peculiar recurso.

En México se han descrito alrededor de 843 especies de macroalgas marinas.
En el planeta se consumen todos los años 40 000 toneladas de algas para la alimentación humana.
Las algas desempeñan una función fundamental en la producción del oxígeno atmosférico.

BIBLIOGRAFÍA
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